Era un día raro conocí a un hombre increíblemente dulce, demasiado pálido para mi gusto, pero me gustó, alto, ojos claros, labios sumamente carnosos, manos suaves. Lo dudó un rato, pero me besó, con mucha ternura y mucha pasión, compartió su carne con la mía, fuimos trémulos juntos, nos comimos el hambre atrasada, nos pagamos deudas de besos ajenos y fuimos sinceros, veníamos rotos, rasgados, magullados, y aún así tan enteros, con tantas ganas y tanto por dar. Esa tarde nació el amor, lo vimos brotar en los ojos y recorrernos las manos. Ahora yo soy su bella, y él es mi sol.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Casi Benedetti (Ficciones mínimas)
-¿Cómo estás? - Pensé que era evidente... Sólo jodida, sin lo radiante ni la viceversa.
-
Yo parezco perro, aferrada, perdonando sin que me lo pidan, aguantando madrazos sin guardar rencor, pero cuando me harto no hay vuelta atrás...
-
-¿Cómo estás? - Pensé que era evidente... Sólo jodida, sin lo radiante ni la viceversa.
-
Este es mi lugar común, mi zona de confort, mi hueco miserable para cuando tengo el corazón roto. Pensar una y otra vez las mismas cosas, si...
